La noche del 28 de junio de 1969 se acabó la paciencia de los gays, transexuales y lesbianas de Nueva York. Estaban hartos de que la policía aprovechara que la homosexualidad fuera un delito para perseguirlos y maltratarlos. La indignación se desbordó en el bar Stonewall, donde el despliegue policial fue contestado con una lluvia de palos, piedras y fuego, bajo el grito de “no somos delincuentes, estamos orgullosos de lo que somos”.